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El ángel rojo . La historia de Melchor Rodríguez, el anarquista que detuvo la represión en el Madrid republicano.

publicado a la‎(s)‎ 25 jul. 2010 8:57 por Tomás Moro
Autor: Alfonso Domingo
Editorial: Almuzara, Córdoba 2009
Páginas: 400
ISBN: 978-84-92573-63-9
PVP: 22,00 €

En una época en la que se pretende construir la historia a través de lo subjetivo de la memoria, es necesario resucitar lo objetivo de los hechos. En este sentido, “el ángel rojo” es un excelente ejemplo.

Alfonso Domingo, con la  inestimable colaboración de un grupo de trabajo integrado por miembros de la CGT, ha sabido resucitar a una de las figuras emblemáticas y olvidadas de la cruzada de liberación: el anarquista Melchor Rodríguez, conocido como el Ángel Rojo por la inquebrantable actividad que desarrollo para salvar la vida a cientos de “fachosos”, que sin crimen alguno corrían peligro en manos de un gobierno republicano ajeno a los más elementales principios de la justicia.

No vamos a ser nosotros los que defendamos ni la ideología anarquista, ni a los hombres y mujeres anarquistas, ahora bien, es necesario recordar que posiblemente el anarquismo fue el único grupo político que lucho del lado republicano defendiendo un ideal (irrealizable), y no buscando el poder por el poder.

Del mismo modo, es necesario recordar que los anarquistas fueron perseguidos, encarcelados, fusilados, denostados y olvidados en el exilio, y no por los vencedores nacionales, sino por sus compañeros republicanos, que nunca pudieron soportar la integridad moral de sus compañeros en la guerra.

Melchor Rodríguez es un buen ejemplo de todo lo que decimos. Un luchador anarquista que en su juventud se enfrentó a los diferentes gobiernos monárquicos, y a la dictadura de Primo de Rivera, dictadura que contó con el total apoyo del Partido Socialista Obrero Español, y que se caracterizó por perseguir políticamente a dos grandes grupos: los carlistas, esos soñadores de pasadas glorias, y los anarquistas, soñadores de futuros imposibles.

Con el estallido de la guerra, Melchor Rodríguez, como cualquier hombre de buena fe, percibió que la República Española había perdido toda su legitimidad moral. Las amaños electorales del Frente Popular, la liberación indiscriminada de presos comunes para poder encarcelar a presos políticos de la oposición política, o simplemente para encarcelar a todo aquél que procesará la religión católica, o fuera simpatizante de la misma, el estado gansteril que se apoderó de Madrid, y de las grandes ciudades españolas, donde las noches se convirtieron en auténticos baños de sangre gratuitos, la inexistencia de un auténtico estado, y en general, el desorden y la injusticia como auténticos señores de una España que se derrumbaba, hicieron despertar la conciencia del Ángel Rojo.

En ese estado de cosas, don Melchor no pudo permanecer inactivo. Como director de prisiones logró parar las indiscriminadas sacas ordenadas por Carrillo y los comunistas, sacas de las que tristemente hemos querido borrar su memoria. Pero su actividad se multiplico en la salvación de cientos de madrileños, permitiendo su fuga, o su ocultación, y garantizando su supervivencia; así, colaboró directa o indirectamente en la salvación de Agustín Muñoz Grandes, Martín Artajo, y Valentín Gallarza, Serrano Súñer, el doctor Mariano Gómez Ulla, los cuatro hermanos Luca de Tena, el futbolista Ricardo Zamora, el locutor Bobby Deglané y los falangistas Rafael Sánchez Mazas o Raimundo Fernández-Cuesta, entre otros.

Su actuación en cumplimiento de los más elementales principios de humanidad, le permitieron vivir en la España nacional post bélica, una convivencia con el régimen franquista que no fue tranquila, ni servil, lo que demostró que el régimen supo ser transigente con los que supieron defender la justicia, antes que la política, y lo que demostró que el anarquismo y los anarquistas fueron capaces de ser fieles a sus ideales, tanto en la victoria, como en la derrota, tanto en campo amigo, como en campo enemigo.

El autor, Alfonso Domingo, ha sabido reflejar la realidad de una personalidad que es incómoda tanto para los republicanos, como para los nacionales. Los republicanos, nunca se podrán sentir cómodos con figuras como las del don Melchor, que acreditan con su existencia lo injusto de una República que únicamente defendió los intereses de la minoría, y que se alió con los peores elementos comunistas para arrancar de raíz la libertad del pueblo español. Los nacionales, por su parte, siempre recordarán con figuras como Melchor, que si bien supieron ser heroicos en su lucha, justos en la defensa de las esencias patrias, sin embargo no supieron ser agradecidos en su victoria, olvidando el reconocimiento debido a muchos arrepentidos republicanos.

En cuanto a los juicos históricos y políticos que el autor realiza, tanto sobre la legalidad del régimen republicano, como sobre la supuesta ilicitud del glorioso alzamiento nacional, no los podemos compartir, pero la tremenda humanidad de don Melchor Rodríguez, su heroísmo, su entrega al ideal humanista por encima de los intereses políticos, y la maestría del autor en describir la grandeza humana, hacen que el lector tenga que superar las discrepancias para rendir homenaje a un héroe olvidado: Melchor Rodríguez, el ángel rojo.