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Periodistas sometidos. Los perros del poder.

publicado a la‎(s)‎ 1 ene. 2010 16:11 por Tomás Moro
Autor: Francisco Rubiales
Editorial: Almuzara, Córdoba 2009
Páginas: 238
ISBN: 978-84-92573-64-6
PVP: 17,00 €
 
Qué duda cabe que el periodismo es una de esas profesiones desprestigiadas en los últimos 40 años; al igual que le ha pasado a los políticos, y a los jueces, el periodismo ha perdido el respecto de la ciudadanía.
Para Francisco Rubiales, el motivo es claro: el periodista se ha apartado de la verdad, y del ciudadano, para acercarse cada día más al poder, y a los partidos políticos.

Rubiales, en su libro “Periodistas sometidos”, no solo trata con clarividencia el mundo del periodismo, sino que trata con clarividencia la existencia de la democracia, y lo que es más importante, los elementos necesarios para que una sociedad viva en verdadera libertad.

No podemos compartir con el autor, ni la veneración que manifiesta por la Revolución Francesa, pues el periodo revolucionario fue sin duda uno de los mayores desastres sociales de la historia de la humanidad (sólo superado en cuanto a sus consecuencias nefastas por la Revolución Rusa), ni podemos compartir la defensa de una democracia basada en los principios liberales que sustentaron dicha revolución francesa; ahora bien, si por democracia entendemos el control del poder, el predominio de la verdad, la expresión de la libertad humana, suscribimos todas las afirmaciones del autor.

Rubiales sabe dar en la clave de la actual crisis política y representativa de las democracias occidentales: el poder se ha alejado del pueblo, los partidos se han convertido en verdaderas oligocracias, que a diferencia del pasado, ni poseen el conocimiento, ni la formación necesaria.

Es evidente que una verdadera democracia sólo puede existir desde el respeto a la verdad (podríamos decir, parafraseando la última encíclica del Santo Padre, que una democracia sólo puede existir desde el amor a la verdad), respeto a la verdad que nunca va a ser virtud del poderoso. En otras épocas eran otras instituciones las que servían de control al poder desmedido del gobernante, ya fuera una nobleza con fuerza suficiente como para controlar al rey, o ya fuera la Santa Iglesia, que con su conocimiento, su prudencia y su amor a la verdad, era capaz de convertirse en referente para el poder. Sin embargo, hoy en día es el periodismo el llamado a controlar al poder. Su misión ha de ser informar, y desde la información convertirse en verdadero guardián de la libertad, denunciando cualquier intromisión del poder en las libertades ciudadanas, denunciando cualquier atentado a la verdad y a la paz social.

Sin embargo, el periodismo ha decidido alejarse de la verdad. La inmensa mayoría de los periodistas, consciente o inconscientemente, han decido coquetear con el poder. El periodismo ha pasado de ser un servicio a la sociedad, para convertirse en un negocio. Hoy en día los verdaderos clientes del periodismo son los anunciantes y no los ciudadanos. Esta mercantilización del periodismo, y esta alianza con el dinero, ha reducido las cuotas de libertad del periodismo hasta mínimos insoportables.

Rubiales llega a dudar (y desde luego, lo hace con conocimiento de causa y con certeza) de la verdadera existencia de sistemas democráticos, dado que las democracias se han convertido en oligocracias controladas por los partidos políticos. Está claro que esta oligocracia prefiere ciudadanos imbéciles a ciudadanos reflexivos, de ahí la banalización de la televisión, e incluso la banalización de los informativos televisivos, que dejan de informar de las noticias realmente importantes, para centrase en las informaciones más banales y intrascendentes, que dan la misma importancia a un golpe de estado, o a una guerra civil, que al último campeonato de bolos celebrado en el pueblo del jefe de redacción. El periodismo se ha convertido en el aliado perfecto del poder para idiotizar a los ciudadanos, y la televisión está llegando a cuotas de idiocia, difícilmente imaginables.

El ciudadano, en esta sociedad, ha dejado de ser el elemento clave sobre el que giraban todos los demás. Ahora, el centro del sistema lo constituyen los partidos políticos alejados de la realidad, y dirigidos por mediocres intelectuales. El ciudadano no es escuchado, y sólo el verdadero ciudadano (el formado y el informado) sabe cuál es la libertad y la verdad que tienen que ser continuamente defendidas. El político se ha alejado de la ciudadanía y de la opinión pública, es más el político con la ayuda de las mal llamados periodistas (publicistas tendría que ser su nombre) son capaces de crear esa opinión pública. La manipulación de los medios de comunicación, reporta amplios beneficios a un poder político, que de esta manera sabe vender sus necesidades y caprichos, como necesidades de la población entera. Un ejemplo de esta creación artificial de la opinión pública, de esta ingeniería social que se nos implanta desde el no representativo poder político, lo tenemos en las supuestas medidas progresistas del señor Rodríguez Zapatero. Ni la sociedad demandaba la destrucción de la familia, mediante la regulación del divorcio exprés, ni la sociedad demandaba el concubinato homosexual, mal llamado “matrimonio”, ni la sociedad demanda la instauración del asesinato bajo el lenitivo nombre de “interrupción voluntario del embarazo”, ni la sociedad, ni los ciudadanos se sienten laicistas, pues la mayoría de ellos creen y practican una religión independientemente de la que esta sea (católica, musulmana, judía, protestante, budista …).

Pero España, que puede ser un ejemplo avanzado de lo que es la manipulación informativa, y de lo que es el sometimiento de los medios de información y los periodistas al poder y a los políticos ( también se puede recordar los terroristas suicidas que nunca aparecieron en la pseudoinvestigación del 11-M, a pesar de ser anunciados a bombo y platillo por la emisora de radio del grupo Prisa, uno de los conglomerados de información más sometidos al poder político, y por tanto menos independiente), fue también un ejemplo de la libertad de prensa, fue un ejemplo avanzado de la importancia que una prensa libre tiene en un sistema democrático, como control del poder y control de las libertades ciudadanas; el caso GAL y el caso FILESA, fueron descubiertos por un periodismo de investigación libre.

Pero el poder político ha aprendido mucho en estos últimos treinta años. No merece recordar casos como los del diario Alcázar, el diario Ya, o Diario 16, donde se demostró que las subvenciones y la publicidad pública, son los auténticos medios de control. Recientemente, se ha vuelto a reeditar el intento de agotamiento económico de un medio de comunicación libre, puesto que han sido reiteradas las denuncias de la cadena COPE por una distribución de la publicidad pública, no en función del nivel de audiencia de las cadenas de radios, sino en función de otros intereses espurios.

Con la colaboración inestimable de los periodistas, el poder político está realizando con gran limpieza y de forma incruenta una verdadera colonización mediática de los ciudadanos. Ya ni los poderos públicos defienden la libertad y la democracia como verdaderos valores sociales incuestionables, ni los medios de comunicación defienden la verdad como único camino que recorrer. A occidente ya no le interesa la libertad, sólo le interesa el mercado, de otra forma no se puede entender el silencia que las potencias occidentales guardan ante los continuos desmanes de la Rusia de Putin, o de una China adormecida en un placentero comunismo, que es cifra y seña de la crueldad humana. La concepción de la democracia con simple sistema electoral ha permitido dejar las democracias en manos de políticos, que no son demócratas, que no creen en la libertad, ni quieren escuchar a la sociedad.

El verdadero peligro no es en sí el poder, dado que la libertad humana ha tenido que luchar contra el poder desde que el hombre es hombre. El verdadero peligro es la dimensión que está tomando ese poder. En las democracias, la alianza poder- dinero, cada día es una alianza más peligrosa para los ciudadanos. El poder, cada día amontona más riquezas, más medios; en la mayoría de los países, el poder político ya se ha convertido en el principal empleador; en la mayoría de los países democráticos la carga impositiva que tiene que soportar el ciudadano sigue creciendo. La libertad cada día está más lejos, pero el ciudadano debido al bombardeo de los manipulados medios de comunicación, cada día está más ignorante de su esclavitud.

Las soluciones son claras: el adelgazamiento del poder político, de los partidos y del estado, devolviendo dichas instituciones cuotas de poder al pueblo, revitalizando la democracia, no como sistema electoral, sino como participación real y directa del pueblo en la toma de las decisiones. La cooperación necesaria e inexcusable del periodismo en esta meta, volviendo a tremolar el periodismo la bandera de la independencia y de la verdad, olvidándose de alianzas con el poder político y económico, y comprometiéndose con el ciudadano y la verdad.